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Telecomunicaciones

El acceso a Internet un derecho humano básico

El Proyecto de Ley ingresado en el año 2018 e iniciado por mensaje de la ex Presidenta de la República, señora Michelle Bachelet Jeria, titulado “Para reconocer el acceso a internet como un servicio público de telecomunicaciones”, Boletín 11632-15(S), mucho antes de iniciar el confinamiento, la pandemia y los efectos sociales del COVID, donde el acceso a Internet se hizo más evidente. El Proyecto de Ley busca facilitar el acceso a Internet a la ciudadanía en todo el territorio nacional. El texto debe ser claro en disminuir las barreras que aparezcan en el sector, buscando soluciones regulatorias que faciliten el desarrollo y despliegue de infraestructura digital y las redes de servicios de telecomunicaciones, propiciando la neutralidad tecnológica y la convergencia de servicios. Asimismo, se velará para que los concesionarios puedan asegurar un servicio continuo y de calidad, incluso bajo circunstancias de criticidad. Hoy es el momento oportuno para repensar nuestra arquitectura normativa y legislativa que promueva el acceso a Internet y la conectividad. Hoy es Internet, pero mañana puede ser otra tecnología que nos conecte, como un servicio esencial, básico, y como columna vertebral para la integración de la vida social y económica del país. Mucho antes, pero la pandemia de Covid-19 puso aún más de manifiesto las sorprendentes desigualdades en el acceso a internet y la asequibilidad en todo el mundo, y Chile es reflejo de ello. Sin acceso a dispositivos y una conectividad significativa, miles de chilenos corren el riesgo de quedar fuera de los mínimos sociales que implica no estar conectado: sin información vital sobre salud y seguridad, sin poder trabajar desde sus casas, sin oportunidad de aprendizaje en línea y sin la posibilidad de expresar sus puntos de vista y participar en el comercio electrónico. Internet no es un lujo, es una necesidad, es una demanda social, y su acceso es un derecho humano básico. No acceder a internet no es solo no acceder a servicios, sino que es coartar la participación social en la vida democrática de las personas. Los no conectados no tienen posibilidad de influir y controlar a sus representantes. La Asamblea General de las Naciones Unidas, en el año 2011, declaró el acceso a internet como un derecho humano, por ser una herramienta que favorece el crecimiento y el progreso de la sociedad en su conjunto, además de ser indispensable para la obtención de otros derechos. Nunca antes había sido tan importante la necesidad de cerrar la brecha digital. Hoy más que nunca el porvenir de miles de ciudadanos depende de estar conectados o no. Tenemos que tomar medidas, una de ellas, y coincidir en un principio, en una definición común, un punto de partida, es que Internet sea interpretada como un servicio público de telecomunicaciones. Esto implica una mayor participación del Estado, de sus instituciones, instrumentos, incentivos, subsidios y promoción, para poner en primera línea la prioridad del acceso a Internet. Se requiere de una nueva arquitectura y normativa de este sector, que cada vez es más transversal y menos sectorial, que requiere una nueva relación en asociaciones público-privadas entre el Estado y las industrias, para acelerar la entrega de acceso asequible y asegurar una conectividad confiable a áreas y poblaciones desatendidas y desprotegidas. Chile, en datos agregados y auto reportados, presenta uno de los mejores indicadores de acceso, penetración y uso en la región. Sin embargo, de manera desagregada, se resalta la falta de conectividad, problemas de cobertura y brechas por ruralidad, género, edad e ingresos. Hasta ahora hemos avanzado, pero a pesar de este importante aumento, aún persiste una profunda desigualdad en el acceso de aquellos lugares que no son comercialmente atractivos. Reconocer al acceso a internet como un servicio público de telecomunicaciones va en esa dirección, elevando con ello su estatus y permitiendo el ejercicio de los derechos asociados, como la obligatoriedad en la prestación en las zonas de servicios de las concesionarias, así como asegurar una garantía respecto de su prestación continua, de calidad y en las condiciones contratadas. Aun así, el texto debe ser explícito en promover la neutralidad tecnológica, la convergencia de servicios, la compartición y el despliegue de infraestructura, así como la institucionalidad adecuada. La ley debe fijar su atención en la universalidad, y aún más en el acceso a Internet como un servicio de carácter esencial, con el fin de propender, garantizar y asegurar la prestación del servicio de manera eficiente, continua y permanente. Esto permitiría la conectividad, especialmente para la población que, debido a su condición social, económica, étnica, de género y edad, se encuentre en situación de vulnerabilidad urbana, rural y en zonas apartadas y de difícil acceso. Es clave promover la neutralidad de las redes y la convergencia tecnológica y de contenidos para que todos puedan conectar desde cualquier dispositivo, sin distinción, promoviendo mejores usos, servicios y ahorros para la ciudadanía. Esto es fundamental para la inclusión digital. Chile tiene un problema de sobreburocracia en el sector de las telecomunicaciones. Si una comunidad quiere contar con servicios móviles o fijos, el permiso y la autorización pueden tardar un año y medio. Esta tramitología está impidiendo que nuestros ciudadanos se conecten a tiempo y aseguren un bienestar digital digno. El silencio administrativo positivo debe estar especificado en la ley, con plazos definidos y perentorios. Durante la pandemia, países como Perú y Brasil han establecido plazos de no más de 15 días y han logrado impulsar la conectividad en escuelas rurales, postas rurales y comunidades indígenas. No solo hablamos de que el servicio sea esencial, sino que también la conexión de la comunidad sea imprescindible. Es estratégico, por tanto, facilitar y contar con un plan de despliegue de infraestructura digital y permitir el uso de servidumbre legal, aspectos clave para llegar con más y mejor infraestructura en un país que actualmente consume 19 gigas al mes de la red móvil y 600 gigas al mes de la red fija, muy por encima de la media de los países de la OCDE.

Infraestructura digital

Internet como servicio público

En las últimas décadas en nuestro país y en el mundo en general, Internet ha experimentado un crecimiento sin precedentes y se ha convertido en una herramienta que se encuentra presente en casi todos los aspectos de la vida moderna.  Internet ha ido evolucionado rápidamente para convertirse en una plataforma de información, entretenimiento, comercio y redes sociales que ha transformado la vida cotidiana de millones de personas. OCDE: Internet como servicio público Dentro de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el desarrollo de Internet ha sido clave para impulsar la economía y aumentar la calidad de vida de sus habitantes. En un contexto en el que el acceso a la red se considera cada vez más esencial, muchos gobiernos han reconocido la importancia de Internet como un servicio público necesario para garantizar la igualdad de oportunidades y promover el desarrollo económico-social. El surgimiento de políticas públicas y regulaciones orientadas a expandir la conectividad y aumentar la accesibilidad a Internet ha sido una tendencia recurrente en los países de la OCDE. Los gobiernos han implementado programas para fomentar la infraestructura digital y la conectividad rural, con el objetivo de eliminar la brecha digital y permitir que todas las personas, independientemente de su ubicación geográfica o nivel socioeconómico, puedan disfrutar de los beneficios de la red. La neutralidad de la red también ha sido un tema relevante en el análisis del desarrollo de Internet como servicio público en países de la OCDE. Asegurar que todos los usuarios tengan acceso a igual velocidad y calidad de conexión, sin discriminación o restricciones por parte de los proveedores de servicios de Internet, es fundamental para mantener la equidad y garantizar la libertad de expresión en línea. Muchos países han implementado políticas para proteger la neutralidad de la red y evitar posibles abusos por parte de las empresas proveedoras de servicios. En cuanto a la privacidad y seguridad en línea, los países de la OCDE han desarrollado regulaciones y marcos legales para proteger los datos personales y promover un entorno seguro en Internet. La protección de la privacidad se ha convertido en una preocupación creciente, especialmente con el aumento de amenazas como el robo de identidad y el ciberdelito. Por lo tanto, es fundamental que los gobiernos promuevan y regulen prácticas adecuadas de seguridad en línea para proteger a los usuarios y garantizar su confianza en el uso de Internet como servicio público. Algunos de los factores clave que han influido en el desarrollo de Internet como servicio público en los países de la OCDE, son: De esta manera, la combinación de los múltiples factores mencionados anteriormente han influido de manera directa en los países de la OCDE para considerar Internet como servicio público.  Sin embargo, a pesar de los avances significativos alcanzados en la mayoría de los países de la OCDE en términos de desarrollo de Internet como servicio público, aún existen desafíos por superar. Por ejemplo, la brecha digital persiste en algunas áreas rurales y entre diferentes grupos socioeconómicos. Además, el acceso asequible a Internet sigue siendo un problema en algunos países, lo que limita las oportunidades para quienes no pueden permitirse una conexión de calidad. En Chile, recientemente destacado por la OCDE como uno de los diez países que cuentan con mayor despliegue de fibra óptica, se encuentra en discusión legislativa el proyecto de ley de Internet como servicio público, es decir, que sea considerado servicio como el agua y la electricidad. El proyecto de ley tiene como objetivo asegurar el acceso igualitario a Internet por medio de la disponibilidad y calidad para todos sus habitantes. Asimismo, el proyecto busca reducir la brecha digital existente en zonas rurales que hoy no cuentan con acceso Internet, y también establecer principios como la neutralidad de la red. Actualmente el proyecto se encuentra en el Senado para su discusión y posterior aprobación aprobación. En suma, el desarrollo de Internet como servicio público en los países de la OCDE y en Chile ha sido un proceso dinámico y en constante evolución. Los esfuerzos por garantizar la conectividad, promover la neutralidad de la red y proteger la privacidad y seguridad en línea son elementos clave en este proceso. A pesar de los desafíos pendientes, el desarrollo de Internet como servicio público sigue siendo una prioridad para los gobiernos de la OCDE en aras de promover la igualdad de oportunidades y el desarrollo socioeconómico sostenible. idikotalampung.org idikotakarawang.org idikotatidore.org idikotasorong.org

regularización e infraestructura digital
Infraestructura digital

América Latina, regulación e infraestructura digital ¿una trayectoria a medio camino?

Conducir a nuestras naciones hacia el centro del “ecosistema digital” suena como la nueva promesa de desarrollo humano, social, económico y tecnológico. Un desafío que ha sido analizada e interiorizada por diversos países, así como en Chile, quedado plasmada en las las respectivas agendas digitales, itinerario que suele variar desde ser un asunto estratégico a un programa menor de alguna repartición pública. En esta trayectoria nos hemos dado cuenta que solos podemos avanzar hasta cierto punto y que la colaboración coordinada entre países de América Latina y el Caribe es fundamental. Nuestra región está quedando atrás, no solo del imaginario de la ola de la disrupción tecnológica y de la innovación acelerada, sino que además de aquellos elementos tradicionales que componen el mundo telco, en su infraestructura, calidad de la conectividad, precios y velocidades. Con esto no seremos competitivos. Si seguimos por este camino debemos estar preparados para ver desde la vereda como se despliega la revolución 4.0 sin nosotros. Hoy cuando una empresa con base tecnológica decide invertir, da por sentado la existencia de infraestructura digital de calidad. Cuando se da cuenta que esta no existe, reanaliza el negocio, ya que sabe que para ser competitiva y proliferar requiere de conectividad. Esto ya está pasando en Chile y no me cabe duda en otros países de la región. De seguir así significará quedar relegados a las tradicionales matrices productivas extractivas. Para compensar nos conformamos con obtener “buenos” resultados en los indicadores que nos favorecen y obviar aquellos en que no. La infraestructura digital en la región está en estado de carencia. Nadie desconoce que algunos países hacen sus esfuerzos en desplegar redes móviles y cobertura 4G, pero con esto no lograremos una economía digital, tampoco ser polos de desarrollo. Los requerimientos productivos de conectividad son muchísimo más altos, requieren multiplicar por diez las inversiones en fibra óptica y estaciones bases. Una forma de ilustrarlo es el porcentaje de conexiones de fibra al hogar: El promedio OECD es 21%, Japón y Corea están sobre el 74%, en nuestra región Uruguay lidera con sobre un 60%, seguido por México con 16%, Chile con 6,7% y Colombia con 4,4%. Quizás debiésemos tomar caminos más agresivos para el despliegue de la infraestructura que nos falta. El diagnóstico y propuesta de solución no están completos. Existen realidades crudas con brechas significativas en materia de necesidades básicas no cubiertas, que como Estados aún no hemos sido capaces de solucionar. Debemos redefinir nuestros objetivos de desarrollo digital sin dejar a nadie atrás de manera urgente. Ante el actual boom de propuestas de los reguladores e industrias respecto de las potencialidades del ecosistema digital, debemos ser cautelosos y responsables sobre lo que se promete. Cuando nuestros compatriotas se identifican con el relato, lo hacen esperando superar sus problemas sociales y económicos lo más pronto posible. Por tal, la regulación digital debe evaluar todo su rango de acción, desde ahí formular sus programas con sustento real de su marco competente y no de aquello que escapa de él. El liderazgo institucional de los reguladores es clave y desde esa autoridad debe ir orientando la coordinación de actores, convocar voluntades y formular políticas públicas multisectoriales que solucionen problemas complejos. Los reguladores deben ser responsables y competentes, de eso en parte depende el futuro digital. Debemos incentivar mercados saludables mediante la promoción de la competencia, garantizar el cumplimiento efectivo del marco legal y la regulación para proteger las inversiones y usuarios y reducir los costos artificiales para estimular el desempeño de los mercados locales. En definitiva migrar a un marco regulatorio convergente. Nuestra institucionalidad hoy está obsoleta. Adicionalmente, debemos entender que la industria sigue lógicas empresariales y comerciales, los Estados no le pueden asignar responsabilidades de desarrollo social, ese rol es de las agencias de gobierno. Y por esto, la industria está abierta a que el Estado promueva este rol de intervenir, guiar e invertir cuando sea necesario. Básicamente, tenemos una situación donde en Europa en los últimos ocho años se han invertido por encima de los mil dólares por cada habitante; en América Latina estamos en un promedio de 400 dólares por habitante. Con esto la brecha solo ira en aumento. Por todo esto debemos establecer una visión ambiciosa y robusta, para el crecimiento económico-productivo, aumentar nuestra competitividad regional e internacional, con miras a la renovación de nuestras actuales matrices productivas. Teniendo presente que para aumentar en productividad y facilitar el crecimiento económico es fundamental contar con conectividad de clase mundial. Esta ayuda a disminuir la distancia con el mundo, facilita el intercambio de la información y promueve la innovación basada en datos. Además, al facilitar y masificar el acceso a la información se generarán más y mejores oportunidades, permitiendo que los beneficios de la conectividad estén disponibles para todos. Latinoamérica y el Caribe tienen la oportunidad de convertirse en potencia, como el centro alimenticio mundial y foco de desarrollo científico. Gran parte de nuestras economías se sustentan de la agricultura y ganadería, junto con un porcentaje importante de población rural. Para lograr explotar nuestro potencial, debemos aliarnos en la formulación de acuerdos y estándares. Nuestra región es el epicentro de abundantes y diversos, recursos naturales, si logramos reformular nuestros modelos de desarrollo desde la extracción de materias primas a la exportación de productos y servicios digitales de valor agregado, podremos crecer sostenidamente y alcanzar el desarrollo. ¿Nos es acaso esto lo que nos convoca? bandar togel bandar togel

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